EN EL DIA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACION DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
UN VIAJE ANUNCIADO (de Roberto Paniagua)
Entré a la pieza a buscar un bolso. No sabía que ropa iba a poner, pero rápidamente calculé en un par de mudas, o algo más, si me daba el tiempo. Ropa interior, camisón, remeras, blusas. Cuando me dí vuelta para elegir un pantalón, lo vi. Eduardo estaba apoyado en el marco de la puerta.
— Elba ¿dónde vas? Me dijo con voz seca y noté una mueca burlona en sus labios.
Un frío eléctrico recorrió mi columna. Saqué fuerza para contestar.
— Tengo que verla, cuidarla, me necesita, es chica todavía.
— Es una maleducada ¡no respeta mis órdenes! Dejala que aprenda, ya va a volver mansita, en cuanto no tenga para comer y comprarse esas ropas de marca que exige...
— Eduardo, vos no entendés, esto no es un capricho, se fue porque no puede vivir más con tus gritos, tus desprecios y tu altanería... ¡Vivís diciendo ésta casa es mía, aquí mando yo. Al que no le gusta que se vaya...! y bueno... se fue.
— Y a vos Elba ¿quién te importa más, ella o tu marido?
— La “familia” me importa, Eduardo. Cada uno tiene que ocupar un lugar. Oprimidos no somos nada... ni esposos ni hijos ni nada. No puedo dormir aquí, con una hija en la calle ¿lo ves claro?
— Yo me rompí el culo toda la vida... ¿para qué? ¿para esto? Para ver que mi mujer se va corriendo detrás del capricho de una mocosa malcriada...
Me di cuenta que ya estaba en bajada, iba a estrellarme y no quería guardarme nada, así que lo miré y lo dije:
—Te sacrificaste, lo sé, pero fue para tener poder en lo tuyo y aplicarlo aquí adentro... Someternos día tras día. Decime ¿nunca te diste cuenta que ya nos nos querías? ¡Que si no éramos tu plastilina ya no te servíamos...!
En una fracción de segundos vi sus nudillos y el anillo de su padre que se agrandaba ante mis ojos. El golpe de puño en la frente fue seco, nubló todo a mi alrededor. Mis rodillas se aflojaron y caí al piso.
Me desperté con sus besos, con lágrimas mojando mi cara y con esa voz de niño que ponía cuando estaba realmente sin saber que hacer. ¿Cuántas veces había vivido esta situación? ¿Cuántos expedientes figuraban en la comisaría? Y esa vez, que escuché detrás de la puerta cuando el Comisario le decía:
— Vamos Ingeniero... un poco de voluntad... Sé que a las mujeres a veces les hace falta un poco de rigor, pero no se pase, esto puede ponerse feo ¿No le parece?
Después me pareció que tosían, pero no. Eran risitas ahogadas... de los dos.
Lo empujé como pude y me levanté. Agarré el bolso y caminé hasta el living. Busqué las llaves. Apenas veía con un solo ojo.
— Si te vas ¡aquí no volvés mas...!
— ¡Me voy, vos no vas a cambiar nunca, necesito terminar con este tormento!
Al poner la llave en la puerta sentí un ardor frió en la espalda. Luego otro, en el brazo que tenía la llave. Al darme vuelta vi el cuchillo de caza mayor en su mano. Entonces me di cuenta que para el viaje ya no me haría falta el bolso. Pensé en Patricia, en que esté donde esté, la iba a cuidar...